Discriminación y Violencia hacia nuestros Niños en las Escuelas Discriminación y Violencia hacia nuestros Niños en las Escuelas
La escuela es un espacio para aprender y relacionarse con personas de la misma edad, pero en muchas ocasiones puede volverse un infierno si... Discriminación y Violencia hacia nuestros Niños en las Escuelas

Por: Edgar Garza Ancira · Consultor de Negocios.
En nuestro país, nuestros niños están sufriendo casos de violencia y discriminación, situación que se presenta en todos los niveles, desde el básico, hasta nivel superior.

Las principales causas que detonan que los niños puedan ser discriminados o violentados, son por género, orientación sexual, salud, origen étnico o raza y en ambientes permisivos como las escuelas inseguras se acrecentan los riesgos de sufrir agresión[1].

En lo que respecta a México, desde el 2015 ha habido un incremento considerable de hechos violentos en las instituciones educativas, según el Banco Mundial, las encuestas arrojaron que el 16.8% de los jóvenes experimentaron “mucho o algo” de violencia entre compañeros, 7.5% de parte del maestro y 12.4% en sus barrios o colonias.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) dice que los niños más discriminados son los que padecen una enfermedad crónica o terminal, discapacidad, los indígenas, los de bajos recursos económicos, los obesos, los de lento aprendizaje, los de coeficiente intelectual alto y aquellos con conductas hacia amigables hacia su mismo género.

La Consulta Infantil y Juvenil 2003, reveló que 16% de los niños de entre seis y nueve años dijeron ser tratados con violencia en sus escuelas.

En jóvenes de secundaria la cifra tiende a crecer, por ejemplo, la Encuesta Nacional Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas, reveló que dos de cada 10 estudiantes son rechazados por sus compañeros de clase y cinco de cada 10 aceptaron que les es difícil hacer amigos.

Las actitudes como el hostigamiento, los golpes, los apodos ofensivos, los robos, la exclusión, las amenazas, el rechazo y el desprestigio y el abuso sexual, forman parte de la violencia psicológica y física, que es la que se da mayormente en las escuelas, en un 67.5% de los casos y en la mayor parte de estas agresiones, los maestros no se dan cuenta.

Sin embargo, cuando un profesor se da cuenta puede creer que es una situación que el alumno tiene que pasar como parte de su relación con otras personas, “creen que simple y sencillamente no ha aprendido a caerle bien a los demás y que por eso ‘se llevan’ con él”.

En muchas ocasiones los padres optan por cambiar a sus hijos de escuela, ya sea porque son los agresores de otro y fue expulsado, o porque fue la víctima de la discriminación. Al respecto, los expertos no consideran que sirva de mucho, ya que en ambas situaciones se llevan el problema a su nueva escuela.

“Si el agresor es expulsado llegará a la nueva escuela tratando de ejercer la misma conducta que de alguna manera le fue benéfica, como es la de adquirir un protagonismo que no tiene en casa. Si es la víctima probablemente se verá afectada por el síndrome de indefensión cognitiva, que se caracteriza por un importante déficit cognitivo, motivacional y afectivo que van a exponerlo al fracaso escolar o a conductas poco saludables o de riesgo, entonces va a ser la misma, va a seguir siendo víctima”.

Generalmente, en una situación de discriminación no sólo sufre la víctima, sino también el agresor, que generalmente adquiere ese rol por no haber desarrollado habilidades sociales de una forma adecuada.

Etapas de atención:

  • La adolescencia es la etapa en la que las afectaciones por discriminación dejan más secuelas, ya que es el periodo en el que el alumno se va desprendiendo de la familia para lograr cierta independencia emocional.
  • El adolescente por un lado quiere ser grande y desprenderse de los padres y necesita de los amigos, y si éstos lo discriminan puede sentirse solo, deprimido.
  • La discriminación afecta, entre otras cosas, la motivación que requiere el adolescente para aprender, lo que origina bajo desempeño académico.

También el niño o adolescente es agresor intolerante o víctima por[2]:

  • 54% de los alumnos no quiere tener como compañero a un enfermo.
  • 8% no quiere personas “afeminadas” en su salón.
  • 1% de adolescentes de entre 15 y 19 años prefiere no tener un compañero con discapacidad.
  • 7% no quiere que haya indígenas en su salón.
  • 2% de las alumnas de la misma edad cree que su vida ha sido un fracaso tras sufrir discriminación. 35.7% de los hombres cree lo mismo.
  • 5% de las mujeres dice que ha pensado que vale más morir. 19% de los hombres piensa lo mismo tras ser segregado.
  • 8% de las mujeres ha pensado en quitarse la vida, 8.5% de los hombres quiere hacer lo mismo.
  • 6% de las mujeres de entre 15 y 19 años siente que tras ser discriminada no vale la pena vivir, el porcentaje de hombres que siente lo mismo es de 28.7 por ciento.

 

La violencia a temprana edad tiene consecuencias en el desarrollo cerebral y en el sistema inmunológico de las víctimas. Y aunque sus impactos en cada individuo varían de acuerdo con su contexto social, los tipos de violencia pueden afectar la salud física y mental de las víctimas.

La escuela es un espacio para aprender y relacionarse con personas de la misma edad, pero en muchas ocasiones puede volverse un infierno si el menor es discriminado por sus compañeros

En 2007 arrancó un programa denominado “Escuela Segura” que dotó de recursos a 53 mil 787 planteles, pero el programa tuvo muchos problemas por la falta de sustentos y resultados concretos. Posteriormente, inició el Programa Nacional de Convivencia Escolar (PNCE), pero de acuerdo con análisis del centro México Evalúa, encontraron que la metodología de este programa no identifica con precisión la diferencia entre acoso escolar y violencia en primarias y secundarias para atenderlas debidamente[3]

La escalada de violencia ha llegado al punto de provocar decesos lamentables, del 2000 al 2015 se han registrado 38 asesinatos por armas de fuego a interior de las escuelas, pero sí se añaden todas las causas de muerte violenta, la cifra asciende a 95 casos[4].

Actualmente el número de emergencias 911 tiene un protocolo de atención para estos casos, que además de la continuidad de los programas como Mochila Segura, la cual genera polémica, también hay una intención de hacer intervenciones sobre las conductas de riesgo con ayuda de profesionales, pero aún no se encuentra claramente definido sus efectos a corto o mediano plazo.

Como intervenir, detectando el problema, saber qué pasa, cuándo, por qué y después los directivos deben platicar con los padres, vigilar a los niños, ver señales de alarma, los padres conocer al grupo de amigos, mejorar la calidad de las relaciones familiares, regresar a las reuniones familiares, comer juntos e incluso jugar juegos de mesa, en una interacción constante, sobre todo porque para algunos adolescentes el hecho de ser sometido a procesos de violencia a través de la discriminación o la violencia los ha llevado a tentativas de suicidio”. Uno de las principales dificultades que tenemos como padres y maestros es que no estamos aprendiendo a aceptar que existe violencia en nuestras escuelas, y nuestros hijos y hermanos lo están viviendo, pero al no saber escuchar y manejar estas situaciones, podemos llegar a caer en el error de dejarlos a la deriva.

El acoso, hostigamiento y discriminación en las escuelas han sido señalados, y esto ha provocado esfuerzos por parte de organizaciones sociales, instituciones educativas y de gobierno para promover ambientes respetuosos. Como resultado, una serie de instrumentos y protocolos dedicados a prevenir y atender la violencia de género surgieron desde 2016 con la Universidad Iberoamericana –cuyo protocolo actualizó hace unos meses abriendo el camino e incluso implementando medidas afirmativas como los baños incluyentes.

Varias escuelas entre las que destacan el IPN, el Tecnológico de Monterrey, la UNAM, entre otras, han instaurado el protocolo.

Hay que pasar del dicho al hecho. Existen instituciones que a pesar de contar con políticas incluyentes no movilizan esfuerzos para realmente crear espacios más incluyentes. Tal es el caso de algunas universidades donde no han hecho nada por garantizar el bienestar y el acceso de justicia a la población LGBTI.

Materializar políticas incluyentes implica sensibilizar a docentes y personal administrativo (para que sepan cuando están incurriendo o atestiguando casos de violencia, y puedan abordarlos), instaurar mecanismos de resolución de conflictos con perspectiva de género contando con áreas que velen por la inclusión frente a la diversidad, entre otras cosas.

Lo que es un hecho, es que las instituciones educativas enfrentan grandes retos en términos de inclusión. El camino ya ha comenzado a transitarse, al menos en un esfuerzo por abordar la latente crisis de violencia por la que pasan todas las instituciones educativas. Utilicemos los muchos recursos disponibles para prevenir que el acoso, la discriminación y la violencia, sean una barrera para la educación.

En resumen, afirman los especialistas que cuando un adolescente ha vivido con violencia desde muy pequeño, corre el riesgo de tener un incremento de ideas suicidas, consumir sustancias adictivas y tener mayor contacto con el sistema de justicia penal. Las experiencias negativas también se asocian al desarrollo de problemas cardiacos, obesidad, depresión, comportamiento antisocial, disminución en el desempeño académico y las lesiones físicas resultan, en algunos casos, en alguna discapacidad e incluso la muerte”.

No permitamos que la discriminación y la violencia siga afectando a nuestros niños.

[1] Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño. http://bit.ly/2fJToHN

[2] Encuesta Nacional Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas.

[3] Centros escolares como ejes de violencia. http://bit.ly/2x2aP9B

[4] http://eluni.mx/2ky6CHB

 

México al Día

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