Enfermedades extremas creadas por la mente Enfermedades extremas creadas por la mente
Hasta un tercio de los pacientes que acuden al médico tienen síntomas cuyas causas no pueden explicarse Enfermedades extremas creadas por la mente

Cuánto más intensa y negativa sea la reacción emocional ante sucesos impactantes de la vida, mayores probabilidades existen de que se desarrollen enfermedades psicosomáticas o trastornos somatomorfos. De hecho, hasta un tercio de los pacientes que acuden al médico tienen síntomas cuyas causas no pueden explicarse mediante pruebas y reconocimientos médicos.

Ceguera

En uno de los episodios de su libro, O´Sullivan describe el caso de Yvonne. Tras un accidente en el trabajo, en el cual le habían rociado en los ojos con un limpiador de cristales, la paciente acude al hospital para tratarse. Parece que todo va bien, pues los daños oculares son superficiales. Sin embargo, a los dos días Yvonne no es capaz de ver lo que está a su alrededor: está ciega. Cuando vuelve al hospital, los médicos le realizan multitud de pruebas que sugieren que sí que puede ver (parpadea, sigue el movimiento con los ojos, mira a la cara de las personas…). Además, su sistema visual, su cerebro y cualquier otro elemento neurológico son normales, sin ningún signo que pudiera explicar una ceguera así. Tan sólo existía una explicación posible: su ceguera estaba desencadenada por el estrés.

Parálisis

De forma similar a la ceguera, el cerebro puede desencadenar parálisis en personas que, aparentemente, están completamente sanas. Un evento traumático y/o una historia de trastornos psiquiátricos suelen estar detrás de estas angustiosas parálisis, aunque no siempre. Son pacientes que no pueden mover manos, brazos o piernas y que se sienten impotentes y aterrados ante la expectativa de poseer una grave enfermedad. Sin embargo, la medicina no arroja una explicación biológica para su discapacidad por muchas pruebas médicas que se realicen. Además, cuando se realizan determinados exámenes, se pueden observar ciertos reflejos musculares involuntarios que no se corresponden con una parálisis de causa biológica. Aun así, ello no significa que sean parálisis menos reales, pues los pacientes son incapaces de mover dichas extremidades.

Muerte

Sabemos que nuestras emociones influyen involuntariamente en multitud de facetas de nuestro cuerpo: el ritmo cardíaco, la frecuencia respiratoria, la tensión arterial, los niveles en sangre de varias hormonas como la adrenalina y el cortisol… ¿Pero es posible que un evento extremo que desencadene una respuesta emocional de grandes proporciones llegue a producir la muerte de una persona previamente sana? Diferentes casos descritos en la literatura médica no sólo indican que podría ser posible sino que hacen preguntarnos hasta qué punto el cerebro podría estar actuando en la producción de otras muchas enfermedades.

Daniela FH

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